Saturday, June 11, 2011

La lenceria y la evolucion de la civilizacion

 

La historia de la ropa interior se remota a unos orígenes tan ancestrales que es complicado realizar una datación fidedigna. Así, se estima que las camisas de lino interiores ya existían en 1360 a. C. 

La lencería  o ropa interior, es una prenda de vestir de hombre y mujer que comenzó utilizándose por razones de higiene y abrigo. El término en sí se deriva de una palabra francesa para LIN lino. Cuando se habla francés el término se aplica a LIN hombres y mujeres, mientras que en Inglés se aplica sólo a la ropa interior de las mujeres que están diseñados específicamente para ser visualmente excitante, atractivo, o erótico.

 La ropa interior es típicamente hechos de materiales como el nylon, poliéster, raso, encaje y seda. Después asumir la función de corregir y modelar la figura femenina, hasta convertirse en la actualidad en un arma de seducción que está cobrando mucha importancia en el mundo de la moda y fuente de fantasía sexual y erótica .

 La evolución de la lencería ha propiciado también que prendas de interior se luzcan en el exterior, como sucedió en su día las camisetas o, más recientemente, los corpiños y corsés. Además de sus funciones básicas a lo largo de los años ha adquirido valores sociales importantes. 

 A lo largo de las épocas la lencería femenina ha ayudado a definir lo que significa verse hermosa, mientras que al mismo tiempo revela mucho sobre los valores políticos y culturales de una sociedad. La historia de la lencería por ende está íntimamente asociada a la de la moda, el poder y la sexualidad.

Al parecer los primeros tejidos en los que se elaboraba la primitiva ropa interior eran el cuero, el lino y el algodón. Entre las diferentes culturas precursoras del uso de ropa interior destaca la grecolatina. Desde el punto de vista mitológico, Homero ya narraba en sus escritos cómo Afrodita cedió el ceñidor con el cual esculpía su bella figura a Hera para la reconquista de Zeus.



                                                  

 

La célebre momia prehistórica hallada en las montañas del Tirol del sur y bautizada como Ötzi. Su vida data de  5.000 años atras, en el glaciar de Similaun, a 3.210 metros de altura, en 1991, y que explica las más recientes investigaciones y descubrimientos sobre el cuerpo. Vestía un tosco calzón hecho de piel de cabra.

 Ahora, más de cincuenta siglos después, Cristiano Ronaldo posa en las vallas publicitarias de medio mundo luciendo unos slips de Armani fabricados con algodón y elastano, una fibra sintética de gran elasticidad. Es curioso, pero la historia de la humanidad bien podría escribirse estudiando el uso de la ropa interior.

Resulta imposible saber con exactitud en qué momento comenzaron hombres y mujeres a ponerse calzoncillos o bragas. Pero las primeras pruebas contundentes sobre el uso de ropa interior propiamente dicha las encontramos en el Antiguo Egipto.

 Así, cuando en 1922 se descubrió la tumba de Tutankamón, entre su ajuar funerario apareció un pañal de lino que podría considerarse un antecedente de los actuales calzoncillos. Según el historiador y antropólogo Tim Labert, los egipcios consideraban al varón superior a la mujer; por eso, la ropa interior era un atributo exclusivamente masculino. Las mujeres no llevaban nada debajo de sus vestidos; salvo las concubinas que gozaban del rango de favoritas y las prostitutas de clase alta, que usaban primitivas prendas de lencería (tal y como atestiguan las antiguas pinturas egipcias).

 

      Pañales egipcios Pañales egipcios:Largos y fabricados con lino, como los que se ven en este fresco conservado en el Museo del Louvre. También fueron muy usados los calzones cortos de cuero importados de Nubia.

Las pinturas en las tumbas de Egipto nos indican que los calzoncillos de cuero fueron usados sobre una ropa interior de lino como protección de este y a su portador para evitar su desgaste. 

 Los calzoncillos de piel de gamuza de Maiherpra, son los más conocidos, pero en el museo de Boston existen un puñado de ejemplares aunque quizás no tan bien conservados y elaborados. Calzoncillo de cuero, probablemente de piel del gacela encontrado en Tebas, procedente del Reino Nuevo (1550-1070 A.C.) Este calzoncillo fue realizado en una pieza única de piel. La decoración del patrón del rombo fue trabajada haciendo una serie de rajas escalonadas y tirando del cuero para agrandar los agujeros. El área rectangular grande fue dejada sin cortar para proteger las nalgas del portador permitiendo la libertad movimiento. También permite que el aire fluya alrededor del cuerpo, previniendo el frotamiento.Este tipo de calzoncillo era popular, y fue usado únicamente por los hombres. Se colocaba sobre el calzoncillo de lino generalmente para protegerlo contra desgaste. Trabajadores, soldados, marineros y artesanos agrícolas los usaban.Ejemplos de este tipo de ropa se han encontrado en las tumbas de reyes y de altos funcionarios. La mayoría del último grupo tenía cierta conexión con Nubia y calzoncillos similares se han encontrado en sepulcros del grupo “c” en Nubia. Los calzoncillos de cuero se cree que también fueron usados por los portadores del tributos africanos. Esto puede sugerir que el origen de esta ropa pudiera estar en Nubia.
 En 1700 a. C. apareció en Creta el que se considera el primer sujetador conocido de la historia, una especie de correa que elevaba los senos femeninos aunque no los cubría. Y en la Antigua Grecia, los hombres (a diferencia de los egipcios) se deshicieron de los calzones. SegúnTim Labert, era una época en la que se rendía culto a la belleza masculina, y en consecuencia, a la desnudez del cuerpo del hombre.

 La ropa interior quedó como un atributo exclusivo de los grandes héroes, como Aquiles y sus mirmidones, que, según el relato de Homero, llevaban una especie de suspensorio que les protegía los genitales al entrar en combate. Y también de las diosas... Porque según la mitología griega, Hera, esposa de Zeus, le pidió consejo a Afrodita, la diosa de la belleza y del amor, para seducir a su marido. Esta le entregó un ceñidor (una especie primitiva de faja). Así, cuando Zeus vio a su esposa luciendo aquella prenda bajo su túnica y cómo afinaba su figura de forma sensual, volvió a caer rendido a sus encantos.
 Fue en el Imperio Romano cuando se generalizó el uso de ropa interior motivado por una mayor preocupación hacia la higiene personal. Los hombres debajo de su túnica llevaban una segunda prenda también larga llamada subucula y se generalizó el uso del subligaculum, una especie de pañal masculino que cubría toda el área genital y que los gladiadores hicieron muy popular al lucirlo en la arena del circo. 

 Las mujeres sujetaban y realzaban sus pechos con las llamadas mamillare o fascia pectoralis, especie de faja de tejido fino, y el strophium, una cinta de cuero suave que sostenía el busto. Las féminas de la alta sociedad utilizaban un a modo de redecilla fabricada con hilos de oro o plata para sujetar los pechos, y los pezones eran pintados con tonos dorados, plateados o rojizos, según el gusto y combinación.
 
Había nacido, al menos entre el sexo femenino, la costumbre de usar las prendas íntimas como fetiches sexuales. Pero a partir de la Edad Media, ese espíritu libertino sería cercenado de raíz. Según relata el historiador Tim Labert: “La Iglesia consideraba el cuerpo humano como algo pecaminoso que debía ser ocultado; por eso, las licenciosas prendas de las romanas fueron sustituidas por camisones de cuerpo entero que las mujeres llevaban debajo del vestido. Aunque es cierto que las de alta posición los fabricaban con telas de calidad y con elegantes ornamentos”. 

Los hombres también usaban largas camisolas para cubrir sus intimidades, aunque con el tiempo se fueron permitiendo el lujo de usar una prenda más cómoda y ceñida, el culotte. Curiosamente, con el pasar de los siglos, ese accesorio ha pasado a ser de uso principalmente femenino.

    Female athletes wearing a bikini-like combination of a subligaculum and a strophium (breast-cloth)
   Bikini-like leather subligaculum found in excavations of Roman London 


La mujer fue la principal protagonista del gran cambio en el mundo de la ropa interior. Tras la Revolución Francesa, según explicó en 1949 la filósofa Simone de Beauvoir en El segundo sexo: “Se creó una situación paradójica, ya que se rendía culto al cuerpo femenino pero a la vez se manifestaba una contradictoria sensación de pudor ante el mismo. Esa paradoja se tradujo en que las Autoridades prohibieron el uso del corsé, pero las mujeres optaron libremente por ponérselo porque se sentían más bellas”. Para las mujeres, vestirse comenzó a ser una auténtica odisea, ya que su indumentaria habitual incluía varias piezas: camisa, pantalón, corsé, cubrecorsé, enaguas... Todo, adornado con muchos volados, encajes, bordados, cintas y lazos. Comodidad no había ninguna, aunque el uso de estas prendas, especialmente el corsé, se consideraba sinónimo de distinción (evidentemente, las campesinas no podían usarlo para sus tareas diarias).